Febrero, mes corto pero intenso. [Seguimos aprendiendo de la vida]

Tras haber superado la tonta pataleta (gracias Detective) y haber dejado atrás demás rastros del difícil Enero, estoy empezando a comenzar realmente el año.
Un largo y genial fin de semana en compañía de amigos, recarga las pilas al máximo. Debo de haber arrastrado una carencia desde la infancia que me empuja a disfrutar enormemente los grupos de personas. ¿Será eso algo común a todos los hijos únicos?

Se acerca San Valentín.

Otra fiesta creada por El Corte Inglés, o tal vez Harrods o cualquier macrotienda de esas de mil y un detalles inútiles para demostrar en un día lo que no has sabido tal vez cuidar durante el año…
Otra fecha para echar la vista atrás y darse cuenta de lo que se ha quedado en el camino, de lo que aún se mantiene fresco a pesar de la distancia o del tiempo. Y analizar porqué ese todo y nada sigue aún tan vivo.
Hoy casualmente tras más de un trimestre volveré a mirar a los ojos a esa persona especial que nunca ha salido de mi corazón. ¿Creen en el amor eterno? Yo si, al igual que creo en cientos de cosas, en las almas gemelas, en la energía de un beso, en la telepatía entre la pareja… ya no creo en los príncipes azules, ni espero que me vengan a buscar un día al trabajo con un gran ramo de rosas diciendo “Nunca debí perderte”… Ya los años me han enseñado que nunca hemos de levantar los pies del suelo mucho y que si te caes levantarse es la única opción, que la única persona que estará ahí durante nuestra vida somos nosotros mismos, y que el egoismo nunca, nunca es una opción.

Tras una relación larga, tras madurar a la vez junto a alguien, crear mil planes y que un día todo desaparezca solo te queda avanzar. Pude haber tomado la decisión de morirme con mis sentimientos, dejarme ahogar por lo que me llevaba al fondo y no levantar cabeza más. Pero decidí decirle que esta nueva situación nos haría bien, que aprendiese, que madurase, que viviese la vida y que yo haría lo mismo. Ya van a hacer cuatro años de todo aquello, y las heridas están curadas. He madurado más en estos años que lo que habría madurado de haber continuado en esa relación.
Creí morir, y aún pienso como pude guardar tanta valentía para seguir en este mundo. Todo se derrumbó de la noche a la mañana… Hoy en día nos vemos cada mes o así. Quedamos, cenamos, compartimos una copa y mil miradas. Aunque hayamos seguido con nuestras vidas, se que nunca nadie será tan especial como lo fuimos y seguimos siendo. Esa sensación de que se ha parado el tiempo, de que sigue ahí, y de que por mucho que pasen los años nada ni nadie logrará apagarlo… Es especial, y aunque parezca frustrante no lo es.
Hoy es un día especial.
Mañana seré un batiburrillo de sentimientos, pasado otra vez habré aterrizado.

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