El 1, el 2, el 3…

Te soñé, y me contabas que eras el 1 el 2 el 3, me mirabas con tus ojos sin alma, relatando tus días, el 2, el 3… Y en mí te precipitabas desbocadamente, el 2, el 1, el 0… e intentabas explicarte, y reías.

El 1, el 2, el 3.

No había vergüenza, tal vez ni orgullo, eras de papel.

Me he despertado con asco, con nauseas y sigo viéndote bajando, e imaginándote en el 1 en el 2 en el 3.

Lo triste, es que no he notado extrañeza, me he creído mi sueño.

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Fin de semana a la vista.

Este fin de semana no pienso tomármelo como el anterior, ya tengo un planazo que empieza por quitarnos unos cuantos decilitros de sangre. Todos en bloque a dar sangre, si es que no hay nada mejor que regalar algo tan tuyo y sentir que cuando alguien pasa un bache se puede estar ahí dándote a ti misma.

Luego de cena, porque la solidaridad también merece recompensa. ¡Imagino cómo se nos va a subir el vino!

Esta vez no creo que encuentre hueco para postear, pero de todas maneras me acordaré de este rinconcito.

Confianza.



“Contrastes”

Si las noches derramasen cascadas de luz,

si la sal dulcificase nuestros labios,

no habría más contraste que entre tú y yo.

Si nos llenasen de calor los suaves copos de nieve,

de gritos tu silencio obligado

y de dolor en el alma la risa de los niños,

aún no habría más contraste que entre tú y yo.

Ni mil flores en el desierto,

ni un deshidratado océano,

mi lapiz carente de su reguero de grafito

y tus sueños sin colores…

Noche y día,

blanco y negro,

somos tú y yo.

Buscándome.

Me busco en las huellas de la húmeda orilla, en las gotas de rocío que deja la mañana, intento encontrarme en el crepitar del fuego y en el murmullo del agua.

Y no me hallo.

Reviso los documentos del pasado, los tickets de la compra, los viejos diarios, las cartas…

Y ahí tampoco estoy.

Intento buscar un orden dentro de mi desorden, calma entre el bullicio o simplemente recordar que es arriba y que es abajo.

He descubierto el placer de ser eterea, de olvidarme de mi cuerpo y dejar que la fiebre pasee mi esencia.
Me dejo ser colores, ser olores, a ratos sabores, pero no pensamientos ni actos.

Y lo disfruto.

Otro viernes más.

¿No tienen los viernes un regusto amargo? ¿No es un día triste y melancólico?

Para muchos comienzo de citas, de noches compartidas bajo las sábanas, de copas y humo…
Para mí el viernes no tiene ningún sabor especial, es noche de cena temprana, de libro y cama.

Noche desganada.

Soy tan extraña que reniego de los viernes y me entusiasman los lunes.

Amistad.

Llevo días reflexionando sobre la amistad, ese bien tan demandado, esa palabra tan manida que se usa sin darle el verdadero significado o al menos no el exacto.

¿Qué es mejor? ¿Esos amigos que nunca ves y sabes que estarán ahí en los momentos en los que los demandes, como el teléfono de un abogado, o tal vez esos que te dan más cariño día a día pero que cuando de verdad los necesites tal vez tengan muy liados sus días? No creo que ninguno de los dos casos sea merecedor del título de Amigo Verdadero, de ese con mayúsculas.

La amistad se cultiva, se cuida, se ha de fortalecer como una planta, con sus riegos a menudo, con el calor del contacto y sobre todo estando ahí en los malos momentos, no huyendo, como alimañas rastreras.
Qué duro es mirar a tu alrededor y verte sólo entre los baches que te pone la vida.

He hecho recuento de amigos, y ¡¡lleno una mano!! me siento muy muy afortunada.

¡Gracias AMIGOS!