Gracias.

Gracias a todos los que pasaron por este rinconcito y me dejaron su huella de apoyo. Les agradezco sus palabras desde lo más profundo de mi corazón.
En estos momentos tan duros reconforta mucho sentir que personas de distintos lugares del planeta me envían más apoyo aun que quienes están casi rozando mi piel. He estado unos días desconectada del mundo y reflexionando.
Me ha costado muchas lágrimas que hacía tiempo no derramaba con tanta facilidad. Intentaba buscar abrazos que me consolasen, pero la congoja no se podía borrar de mi corazón y de mi estómago. Siento que se me ha abierto una compuerta, que se han desbordado sentimientos a raudales, que toda esa tristeza que tenía tapada ha salido por mi boca, por mis ojos, por cada orificio en mi piel para desembocar como torrente en mil emociones.
Ha sido un fin de semana en un lugar precioso y yo vacía, y rota, y destrozada. Desearía volver a cerrar este hueco por el que me siento precipitarme hasta sentir que llegaré a desaparecer, desearía dejar de sentirme menos que el aire, encontrar la autoestima que ahora siento bajo mis zapatos. Quiero recuperar fuerzas y me siento muy sola y sin apoyo, o tal vez sin el apoyo que necesito, que desapareció con mi apetito, con mi sonrisa perenne, con mis ganas de vivir.
Prometo luchar por recuperarme porque no quiero hacer de mi vida un drama, y mucho menos de este blog una acumulación de tristezas, pero hoy las fuerzas me han abandonado, o más bien me he abandonado yo a la ausencia de ellas…

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Vacía.

Me encuentro vacía de palabras, vacía de retorcidos recursos con los que sacar mi alma por el teclado como solía tratar.
El silencio ocupa mis días mientras reordeno con desgana mis pocas pertenencias, las escasas ideas y los contados retazos de vida.
Llevo días más silenciosa en ambos mundos, con el corazón a mitad de latidos, amenazando también con callarse de pura apatía. Asemejaría mi vida a un natural letargo invernal, mas en el exterior el estío empieza su apogeo y el calor del Sol no se corresponde a mi frío y mudo interior. Vacío que no luchan por llenarse. Vacío lleno de más vacío aún. Sólo vacío.

Mi hoy.

Me escurrí entre tus dedos, me escapé como humo entre tus labios, como el olor de fresco y familiar perfume en una cálida noche de verano, ahogado, difuso, transparente.

Me fui serpenteando entre ideas y recuerdos sobrealimentados, para desembocar en el amplio mar de la serenidad y el olvido, siendo veloz gota de rocío en las mañanas, y estrella fugaz en las noches. Mi vida se convirtió en la vida de la mosca del vinagre, midiendo mi tiempo en horas y mi futuro en el simple mañana.

Dejé atrás los suaves lazos de seda con los que me aferraba a mi memoria, y empecé a saborear la libertad en mi mente y en mi piel. Mi mirada dejó de estar turbia y así pude empezar a vivir de nuevo.

La vida es quien da las oportunidades, no las personas.