“Me mudo al ático”

Me mudo al ático,
donde la luz entra sesgada
y La Luna vigila mis sueños.

Me mudo al ático,
y solo me llevo mis libros y tus fotos.
Tus fotos las doblaré en cuatro
y con ellas calzaré el cabecero de mi cama.
Me gusta dormir nivelada con el techo,
y la buhardilla solo invita a la locura.

Me mudo al ático
y en la jardinera plantaré fresas,
tulipanes y lechugas…

Me mudo al ático,
con mis sábanas de lunares,
que colgaré por bandera en la ventana,
con mis calcetines dispares
y los jabones de hotel atesorados en años.
Los vasos huérfanos y las botellas empezadas,
para cuando vengas de visita,
y una almohada extra
por si la noche decide atraparte
en mundo inclinado.

Pequeños placeres.


De mi viaje me he quedado con una buena y sana costumbre, combatir el calor con un buen té caliente. Qué agradable es llegar a casa y sentarte en el sofá con la tetera llena de un rico té con hierbabuena. Descalza y sintiendo el frescor del suelo, dejo que se mezcle el aroma que serpentea sobre mi taza y el almizcle del incienso… Chillout en el equipo, teléfonos apagados y la tele sin encender desde hace días, me evado de la rutina, cierro los ojos y dejo atrás cada uno de los problemas mundanos, sintiendo como una suave luz fría escala mi cuerpo desde mis pies desnudos. Las orquideas cargadas de flores y la luz colándose a través del lino e inundándolo todo.

Cuánto placer olvidamos a veces por no saber disfrutar de nosotros mismos y nuestra compañía.

Sonrisas y caramelos.

Recién llego de mis primeras vacaciones del año, con aires nuevos, con mil páginas pasadas, con otras muchas ya olvidadas y nueva sonrisa en el rostro. Siempre me cuesta regresar a la rutina, pero esta vez tengo tan poco peso que arrastrar que casi mi ligereza me obliga a seguir en continuo movimiento. En el avión venía pensando en cuantas ganas tenía de retomar el Blog, de volver a volcar en este pseudo papel mis locos pensamientos. Quedaron muy atrás las lágrimas y los lamentos, ahora solo miro hacia el bello horizonte y me alimento de suaves amaneceres y ruidosas carcajadas. Habían quedado tan atrás frases sinceras como “cuánto te he echado de menos” que casi había olvidado la tibieza que producen en el corazón al escucharlas.

De mi viaje traigo mil imágenes grabadas en mi retina, mil risas con mis amigos, y sobre todo el sentimiento de cuan afortunada soy de haber nacido en este pedacito del mundo y de estar rodeada de gente que realmente me aprecia. He visto niños de mirada suplicante, mujeres con burka a más de 40 grados, sonrisas a cambio de un puñado de monedas, pueblos sin luz ni agua corriente, niñas con tinajas en la cabeza acarreando litros y litros de agua. Sin entender nuestras palabras, pero con lindísimas sonrisas al ver en mis manos caramelos.



Regresaré, y llenaré mi maleta de más caramelos para traerme muchas más sonrisas.