Entre humo y vino.

Mis pensamientos se diluyen entre volutas de humo,
los intento llevar al compás de cuatro cuartos
pero no pasan de un torpe dos por cuatro.

Entre mis manos una copa de vino tinto,
de rojo sangre,
de cruel carmín que dejan mis labios en el borde de la copa,
alzada en un absurdo brindis frente al espejo
que me paga con su sonrisa.

Otro trago,
otro pensamiento que pierde el paso,
y más rojo sobre mi.

Tatuajes.


Tinta bajo tu piel, recuerdos, vivencias y homenajes en tu ancha espalda, cada centímetro me cuenta tus batallas.

Me gusta recorrerla preguntándole a cada trazo su historia, para luego cerrar mis ojos y dejarme llevar entre símbolos tribales y dragones.

Tinta viva bajo tu piel.

En sus zapatos, en mis zapatos.

A veces la vida te pone en los zapatos de alguien, muchas veces no son de tu talla, la inmensa mayoría.

A ratos aprietan, son estrechos, tendrías que adaptar tu mente al diminuto tamaño de sus pies, lo intentas y te desbordas de ellos, rebosas, pero aprendes como sería ver la vida desde esa pequeñez, desde ese modo ajustado de observar cada cosa.
Otras veces son grandes, holgados, crees moverte con comodidad en su interior, pero al tiempo te das cuenta que no sabes como rellenarlos, son para otra clase de pies.

Un día y tras mucho caminar el destino te pone en mis zapatos, ves su suela gastada, en ella mis huellas que dejé en el camino.

Nunca creíste verte sobre ellos, y ahora tus miedos son los que yo atrás dejé, tal vez ahora me comprendas pensando que podrías llegar a calzarlos.

Versos en la arena.

Escribí mis versos en la arena,
derramé todos mis callados momentos
en la humedad dorada y fría,
dejé ahí tu nombre, mis recuerdos,
los sueños y proyectos.
Obligué a que la marea se llevase
cada vestigio de mi ayer,
que se cubriese con espuma
los años perdidos anclada a la nada.
Me cubrí de dulce amnesia,
de la falsa calidez de la ignorancia,
y evité que las olas me recordasen
cualquier tiempo pasado.
Ahora evito pasear por la orilla,
porque tan solo el olor a mar
me llena de triste nostalgia,
de besos borrados,
de pasos no dados,
de salado ayer.

Palabras extrañas.


Me asomo a este rincón y las letras me suenan extrañas, tal vez como al gran Sabina las musas me hayan abandonado para darse unas vacaciones y hayan dejado desnuda mi alma al mismo tiempo que torpes mis dedos y mudos mis labios.
Intento buscar la manera de expresar este remolino inverso que me lanza contra el infinito, pero en vez de absorber palabras, las escupo sin dar oportunidad a dibujar su contorno, y se evaden de mi boca sin haber podido bosquejar su sonido.
La tinta no llegará a atraparlas, nunca serán escritas ni leídas, no serán dichas ni interpretadas, no existirán, y como inexistentes nadie las llegará a añorar, nadie sino yo, pues en mi mente resuenan sus ecos como esa canción que a veces nos ronda y que no llegamos a identificar.