Cosas que me hacen feliz.

Hay determinadas menudencias que nos llenan el alma como los mayores tesoros, ahí van algunas de esas cosas que me arrancan la mayor de las sonrisas, tal vez por la sencillez que envuelven…

* Taparme con el edredón y dormir un ratito más cuando sé que no he de ir a trabajar.

* Un largo baño con todo el tiempo del mundo y una copa de vino a mi lado.

* El crujir de las tostadas.

* Despertar y notar que te tienen abrazada.

* Un mail o mensaje de alguien que me aprecia y que pensaba que no se acordaba de mi.

* Las cenas que terminan en largas noches de juegos con amigos.

* El bizcochón recien sacado del horno, aunque me de siempre hipo.

* Que se duerman en mis brazos.

* Los viajes inesperados, y los esperados también.

* Un atracón de comida japonesa.

* El olor de la ropa recien planchada.

* La primera tajada de sandía del año.

* Las risas de quienes quiero.

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Ahora o nunca.

Si tuvieses que redactar una lista de cosas que desearías hacer antes de morir ¿Sería muy extensa? ¿Habría muchas excentricidades o tal vez hay mil cosas banales que has dejado en el tintero? ¿Tal vez apartases la vergüenza o el miedo en detrimento del placer? Seguro que muchos de esos deseos no precisan grandes fortunas o tiempo. Tal vez solo sea necesario ver una fecha límite para que tu vida arranque.

No quiero convertir este post en un meme, todo esto viene por la película de Jack Nicholson y Morgan Freeman, dos grandes de la pantalla que nos traen en forma de cuento con moraleja una idea que habría que desarrollar y que no dudo que fuera un buen ejercicio de autoanálisis que cada uno de nosotros elaborase esa lista y ¿porqué no? tachar algunas cosas en breve.

Empezaré a elaborar la mía, seguro que me sorprendo.

Jugándote la vida.

Juegas a los dados con la vida,
te arriesgas siempre vistiendo de sonrisa
los faroles de tus repetidas derrotas.

Y ahí perseveras incansable

repitiéndote que no siempre perderás.
Seguimos infatigables cada partida,
cada revés del destino,
cada jugada con final par en este mundo impar.

Algún día la suerte jugará de tu lado,

y ese día estaremos ahí
para compartir el premio de tu felicidad.

Lanza de nuevo los dados
que yo haré mil trampas por ti.

Palabras.

Acumulo las palabras en la cuneta, algunas son tan largas que temo que si no me doy prisa en quitarlas hagan tropezar a los demás viandantes. Me ha costado arrastrar “perseverancia” y “transparencia“, en cambio aparté con rapidez la “ira“, y la aparentemente pesada “temor” resultó ser tan volátil en mis manos que casi no necesité esfuerzo alguno.
Algunas se aferran con raíces arcaicas al suelo reseco del camino como “rutina“, otras están colgadas de altos árboles creyéndose inalcanzables, allí están “sueños“, “promesas“… Las hay viscosas, que se escurren entre los dedos, con olor dulzón como la sangre, antes de llegar a ser comprendidas, esas sólo dejan el eco del sentimiento en mis dedos…
Impaciencia” apareció junto a “fracaso” debajo de unos arbustos. Hay numerosas letras sueltas, de una excéntrica caligrafía elaborada, y alguna que otra sílaba de escritura infantil. Hay puntos suspensivos que dejan en solfa pensamientos abstractos, y puntos y aparte de total radicalidad. Muchas “y” y pocas “pero“, más “con” que “sin“.

Y las voy amontonando junto al camino,
a la espera de…
no sé,
siento que, irónicamente, me he quedado sin palabras..

Nuevos aires.


Dejé atrás el eco del resonar de los más de treinta pasos, fríos y ajetreados de Diciembre. Ahora Enero lleva más de medio camino recorrido y comienzo a preparar de nuevo mis maletas.

Tus fotos se quedan calzando la cama, a nadie le gusta dormir en una cama coja y para mí ya carecen de otra función. Dejo mis plantas en la azotea, no sería justo que por mis continuos cambios se viesen privadas de las abundantes horas de Sol que tanta energía nos dio en mis días sombríos.
Me gusta recorrer la casa mientras recojo mis trastos, la luz adquiere otro matiz, creo que se llama nostalgia, y los cojines y mantas se tornan más acolchados dándome su particular despedida. Las mudanzas son como una gran taza de café, excitante, siempre llenas de expectativas y de un cosquilleo en el estómago que te arranca una sonrisa como la que ofrece una segunda oportunidad, o tercera, o cuarta…
Siempre se empieza con la sensación de que ahora todo irá mejor, y esa sensación será la primera que meteré en mi ligero equipaje.