Un recuerdo…

Un día difícil, tres años sin ti, tres años con ese hueco que deja un padre. El mundo se queda con la sonrisa dibujada en mi cara y le resulta fácil no profundizar. Cómo siempre quien debiera estar aunque fuese en forma de corto mensaje no está, mucho trabajo con mirarse su propio ombligo señores, cuando se es feliz se olvida rápidamente quien estuvo a tu lado en los peores momentos… Y quien crees ya no está, resuella y llena con apenas 20 palabras un poquito del enorme vacío que arranca con un día nublado. Gracias por hacerme sentir que te acordabas de mi dolor.

El día acabó como comenzó, con nubes negras y ligera llovizna… Ya acabó mi triste mayo.

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En justo equilibrio.


En ocasiones me deslizo de puntillas sobre mi propia vida, intento aplicar una inclinación a mi mirada que supere los noventa reglamentarios ángulos respecto a mi cuello, evitando observar el suelo. La punta de mis dedos dan gráciles saltos esquivando la realidad como si de charcos se tratase. No quiero asimilar momentos, aún no estoy preparada para asumirlos en su totalidad. Por más que lo intento no puedo, por más que me lo repito no sé, mis “por más” se tornan “por menos” y sigo despegando mis talones del camino…

Funambulista obligada de la vida, manteniendo el equilibrio con una sonrisa victoriosa en mis labios, the show must go on.

Durante meses he evitado este blog por la transparencia de las palabras que vuelco en él, por la realidad que asumo escribiendo, y termino reapareciendo en el mes que más difícil se me hace, sinónimo de pérdidas y frustraciones, de derrotas y despedidas, de cuentas de calendarios amarillentos y roídos, que reflejan mayor podredumbre de recuerdos.

Les leo, agradezco mucho los mails y lamento la preocupación que haya podido causarles, no saben cuánto logran empujar mi corazón, ignoran cuánto les valoro aún en la distancia. Gracias y perdón.

Y aquí sigo sobre la cuerda floja, retomando las letras que arrastran la sangre en mis venas reacompasando el tic-tac de este torpe corazón.