Violencia de género.

Intentaba a cada rato suplir con sonrisas el dolor que llevaba dentro, no llegó a sentirse tan en la boca del lobo hasta que las marcas cubrían todo su cuerpo. Aún recordaba con sonrisa amarga cuando presumía de lo mucho que él le quería, cuando sus celos los interpretaba como muestras de amor, cuando se sentía única con cada gesto de ira hacia cualquiera que la mirase, ella era especial y nunca la dejaría escapar.

Ahora el pánico atenazaba sus días, buscaba en la sonrisa de sus hijos una pequeña luz hacia la que caminar cuando el dolor le doblegaba el alma. A cada grito una lágrima, a cada lágrima un golpe y a cada golpe una cicatriz en su corazón acompañada por marcas en su piel que eran imposibles ya de disimular. El hambre la abandonó y sólo se alimentaba de miedo, el reloj marcaba el comienzo de cada tortura. Sólo venía con miradas de desprecio, con palabras de repudia, golpes que venían de sus ojos, de su boca, de sus manos, golpes que se llevaban su vida en pequeños soplos; dejando de ser hombre en cada muestra de odio que daba intentando demostrarse más fuerte.

25 de Noviembre.
Día internacional contra la violencia de género.
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Venganza.

Siempre soñó verse en esa situación, y ahora llegado el momento le parecía una más de sus fantasías. La vida había puesto en bandeja lo que tantas veces entre lágrimas había deseado, su interés. Ahora ya carecía de sentido, pero notaba como una mezcla de poder e ira iba recorriendo su piel mientras sentía como, con absurda torpeza, buscaba cualquier pretexto para rozarle la mano o colocar la suya en su cintura.

Al final había resultado fácil atraerlo con una simple conjunción de rimmel, carmín y sonrisas de soslayo. Su simpleza le provocaba nauseas y aún así, notarlo tan entregado le daba un punto cómico a la situación. Le quedaba apenas una hora para concluir lo que años atrás había comenzado como un simple juego para él, el juego de destruir su corazón llenándola de palabras bonitas al otro lado de la red, sin ni siquiera plantearse que aquella promesa de un futuro a su lado, había sido como ácido en su corazón y que sus mentiras descorazonadas le habían imposibilitado para siempre en el amor.

Apenas una hora, lo que el tardase en acabarse aquel whisky del que ya apuraba los hielos…


Amor de balcón.


Cada día se despertaba con una sonrisa en los labios, se había acostumbrado a suplir la soledad de sus días con la ilusión que le brindaba observarla en sus mañanas. Él apuraba sus rutinas con rítmica puntualidad, sabía que hasta las 7.40 el despertador no la haría comenzar su día a día. Desayunaba observando el reloj, contando los segundos que faltaban para que se encendiese la luz de la ventana, para oír de lejos el rugir de sus persianas a las 7.42 como cada mañana.
Verla aparecer en el balcón con una taza humeante y la mirada perdida oteando la ciudad, eran los minutos más preciados del día.

Aunque nunca habían estado cerca el uno del otro sentía que ya conocía su perfume y hasta la tersura de su piel. Se sentía un ladrón de su belleza, y hasta a veces llegaba al sonrojo cuando imaginaba que sus miradas se cruzaban y ella levantaría su taza a modo de saludo… A veces fantaseaba con la idea de que se sabía observada y sólo seguía esas rutinas por el simple placer de regalarle esos momentos.

Algún día, se prometía, juntaría el valor suficiente para cruzar la calle y decirle “¿Compartimos un café o tal vez la vida entera?“.