Te vas…


Arrojaste la toalla.

Los días ya se te tornaban plomo en tus tobillos y un año en tu infierno dejó huella de una década. La distancia y soledad fue acallando tus latidos que sólo parecían un débil retumbo por no dejar solos los suyos, aún cuando no se quería ni a ella misma dentro de su piel.
Y ahora ella se fue, sin equipaje alguno, dejándote en tus manos, el peso muerto de su cuerpo, huyendo de si misma y de todos sus demonios, valiente hasta su último aliento. Con un único bagaje partió, los rescoldos de tus fuerzas y esperanzas frustradas.

Te vas y no sé anudarte a la vida, y me muerdo los labios por no decirte que te comprendo.