En el andén.

El atardecer ha vuelto a encontrarme descalza en el andén,
encaramada al frío banco de hierro abrazo mis piernas
y observo los dedos de mis pies moviéndose con ligereza.
Me siento niña caprichosa que desprecia toda lógica en su andar,
me he vuelto sorda de tanto escuchar el duro silencio.
Sin mi techo, sin tu abrazo, aún así, sin hambre y sin frío,
inerte y muda ante el andar de los días.
En mi bolso 2 monedas, un chicle y una postal desgastada de tanto releer.
Vas en mi camino solitario en forma de recuerdos.

Sé que huyo, que huyo de mi misma buscando darme un giro,
perdí el suelo bajo mis pies y ahora desprecio mi alrededor
aún sin percatarme de que siempre iré asida a mi misma
como el tatuaje que deja sombra en la piel dónde habitaba.

Lejos, me quiero lejos, dónde todo lo que esté a mi alrededor me resulte extraño,
dónde nada me traiga recuerdos, pero que tenga una estación de tren cercana,
donde volver a sentarme en un frío banco, si el corazón se desmorona de nuevo…