En el andén.

El atardecer ha vuelto a encontrarme descalza en el andén,
encaramada al frío banco de hierro abrazo mis piernas
y observo los dedos de mis pies moviéndose con ligereza.
Me siento niña caprichosa que desprecia toda lógica en su andar,
me he vuelto sorda de tanto escuchar el duro silencio.
Sin mi techo, sin tu abrazo, aún así, sin hambre y sin frío,
inerte y muda ante el andar de los días.
En mi bolso 2 monedas, un chicle y una postal desgastada de tanto releer.
Vas en mi camino solitario en forma de recuerdos.

Sé que huyo, que huyo de mi misma buscando darme un giro,
perdí el suelo bajo mis pies y ahora desprecio mi alrededor
aún sin percatarme de que siempre iré asida a mi misma
como el tatuaje que deja sombra en la piel dónde habitaba.

Lejos, me quiero lejos, dónde todo lo que esté a mi alrededor me resulte extraño,
dónde nada me traiga recuerdos, pero que tenga una estación de tren cercana,
donde volver a sentarme en un frío banco, si el corazón se desmorona de nuevo…

Con los ojos abiertos.

Los blogs son como ese amigo fiel, el que no te echa en cara cuánto tiempo ha pasado desde la última visita. Y aquí llego, un trimestre más tarde, en otro año, en otra década, a retomar las letras que dejé aparcadas.

Siempre es agradable comenzar otro capítulo, aunque en la memoria siempre haya hueco para personajes pasados. El crujir que se oye al abrir un nuevo libro y el olor a papel virgen en nuestras manos…

Y aquí me encuentro, en mi rincón, dónde puedo pararme en silencio a observar el mundo y ser juez y parte de todo y de nada.

Retomo los lienzos, las fotos, mis viejos lápices y el teclado desgastado, retomo las tardes frente al mar y las ganas de escribir. Espero que esta vez no deje pasar los trimestres entre mis lineas.


Regreso para pensar con los ojos cerrados y escribir con los ojos abiertos.


La vida, sus momentos y mil gracias…

La vida está llena de pequeños momentos llenos de magia, la mayoría pasan de forma imperceptible en nuestro día a día, se esfuman uno tras otro sin ni tan siquiera haber sido conscientes de ellos. Nos perdemos los detalles que componen nuestra vida mirando siempre más allá de nosotros mismos, anhelando siempre lo mejor, lo mayor, lo superior, y no nos damos cuenta de todo lo que nos rodea y encierra tanta belleza.
Les invito a tomar conciencia de la VIDA, a recrearse en el olor del pan recién horneado, en el canto de los grillos al anochecer, en la frescura de una rodaja de sandía, en la sonrisa de quien está a nuestro lado y en la calidez de sus abrazos en nuestra piel.
Vivamos sientiendo la arena bajo nuestros pies y la brisa despeinando nuestro cabello y demos GRACIAS siempre por tantas cosas buenas que la vida nos regala, a mi me ha regalado tu visita y eso me hace feliz. Gracias.

Dedicado a quien me ha enseñado a dar las Gracias y a darme cuenta de cuan afortunada soy.

La vida renace.

Me he vuelto madera, madera porosa,
tronco inerte cubierto de un sin fin de grietas imperceptibles
dónde se van colando lentamente tus palabras alimentando mi savia.

Piel áspera que exuda la humedad de un interior
con más vida de la que representan las ramas mustias
que mecen la cálida brisa..

Fortaleza y rigidez, energía silenciosa.

Verdes brotes que asoman tímidamente
empujando la vieja corteza que me cubre…

Y pierdo todo resto de viejos incendios,
las cenizas se precipitan hacia mis raices
retroalimentándome,
y la vida corre hasta la punta de cada una de mis hojas
y pasan a ser suaves gotas de rocío.

La vida renace.

366 días en la estación.


Tiempo atrás quedaron aquellas buenas propuestas de año nuevo, ahora ya pasadas muchas primaveras y otros tantos veranos, me dedico tras cruzar la frontera del año, a mirar atrás y hacer balance sobre los 365, en este caso 366 días transcurridos.

Me he dado cuenta que éste ha sido un año de mucho movimiento, de grandes descubrimientos y alguna pérdida. Para mí quien se queda en el camino es que su paso no logró seguir el mío o tal vez, no buscaba seguir la misma dirección cuando parecían caminar a mi lado. A esas personas que desaparecieron por voluntad, por obligación o simplemente porque perdieron el rastro de mis huellas, les deseo lo mejor y que tal vez cuando detengan su andar y reflexionen vean que aún mi nombre puede sonar sin amargor en su boca.

Pero sobre todo he de hacer recuento de todas esas personas que han llegado a mi vida y se han hecho un hueco al aportarme tantas y tan buenas cosas. A veces nos acercamos a la estación solamente para ayudar con las maletas a subirse al tren a amigos, pero siempre se cruzan almas que nos dejan huella y nos invitan a compartir aunque sea el banco junto al andén. Trenes que se cruzan por azares del destino y tienen paradas sincronizadas con el tiempo justo de tomar un café y volver a partir, pero que dejan aroma aún cuando la distancia marca lo insalvable.

Espero otros 365 días sin que se apeen de mi vagón, y sigan señalándome por los cristales empañados todas esas cosas que mi vista no alcanza a ver.

Gracias por viajar a mi lado.

Violencia de género.

Intentaba a cada rato suplir con sonrisas el dolor que llevaba dentro, no llegó a sentirse tan en la boca del lobo hasta que las marcas cubrían todo su cuerpo. Aún recordaba con sonrisa amarga cuando presumía de lo mucho que él le quería, cuando sus celos los interpretaba como muestras de amor, cuando se sentía única con cada gesto de ira hacia cualquiera que la mirase, ella era especial y nunca la dejaría escapar.

Ahora el pánico atenazaba sus días, buscaba en la sonrisa de sus hijos una pequeña luz hacia la que caminar cuando el dolor le doblegaba el alma. A cada grito una lágrima, a cada lágrima un golpe y a cada golpe una cicatriz en su corazón acompañada por marcas en su piel que eran imposibles ya de disimular. El hambre la abandonó y sólo se alimentaba de miedo, el reloj marcaba el comienzo de cada tortura. Sólo venía con miradas de desprecio, con palabras de repudia, golpes que venían de sus ojos, de su boca, de sus manos, golpes que se llevaban su vida en pequeños soplos; dejando de ser hombre en cada muestra de odio que daba intentando demostrarse más fuerte.

25 de Noviembre.
Día internacional contra la violencia de género.

Hoy, con traje de ayer.

Hoy el día comenzó vestido de domingo, con murmullo de niños y olor a café. Hoy mi almohada se hunde en tu lado y me despiertan caricias que no saben a ayer. En silencio recreo tus besos mientras otros labios me hablan de amor. Y revivo sin arrepentirme cuando despertaba y traías una flor. Hoy envuelvo en nostalgia mi alma y huyo en mis sábanas de mi propia piel. Hoy mi mente vaga entre mil mundos y sólo tu nombre permanece en pie.